Arte

El tablero electoral disfrazado de bienal

El palacio (arte para la aristocracia)

 Bogotá: la felicidad como placebo

La BOG25 nació con grandilocuencia. “Nunca en Colombia habíamos tenido una Bienal de esta magnitud”, dijo Galán. El lema curatorial, “Ensayos sobre la felicidad”, buscaba dar un aire terapéutico: sanar heridas, mejorar la convivencia, aliviar tensiones. La inauguración en la Plaza de Toros La Santamaría fue monumental, con un despliegue simbólico de “casa común” que terminó desbordado por la multitud. La imagen más elocuente no fue la de las instalaciones ni los conciertos, sino la de miles de asistentes frustrados en la puerta. Una metáfora perfecta: el Estado promete comunidad, pero no tiene espacio para todos.

El problema no es que la gente quiera ver arte —ese desbordamiento muestra un deseo genuino—, sino que la institución reduce ese deseo a una postal de éxito cuantitativo. La Secretaría celebró la asistencia de 125.000 personas como prueba del acierto. ¿Pero qué pasa después? Los artistas locales siguen sobreviviendo en condiciones de precariedad, atrapados en convocatorias temporales que no cambian su realidad. La ciudad se emociona con el show, pero el sistema cultural continúa precarizado.

Así, la felicidad curatorial se convierte en optimismo tóxico: una narrativa que evita nombrar las desigualdades, la violencia y la falta de infraestructura estructural. El arte, que debería incomodar, se convierte en un calmante colectivo.

La corte

El circo

El paisa sabe trabaja, trabajar y trabajar. El otro bebe Whiskey en el Gun Club.

Medellín: la libertad como bandera

La BIAM 2025 escogió un lema aún más ambiguo: “Libertad”. Un concepto polisémico que seduce al público internacional (libertad creativa, libertad estética) pero que, en clave local, remite a la histórica aspiración de Antioquia a la autonomía regional.

El discurso oficial habla de descentralización —una bienal que cubre las 9 subregiones del departamento—, pero lo que subyace es un gesto político claro: la reafirmación de Antioquia como territorio con soberanía simbólica frente a Bogotá. Se trata de un proyecto que bebe de la memoria de las Bienales de Coltejer (1968-1972), financiadas por la empresa privada para posicionar a Medellín como una ciudad moderna y cosmopolita.

El resultado es una bienal que juega en dos frecuencias: para el mundo, un evento global que legitima artistas y atrae inversión; para el público local, un acto performático de autonomía y resistencia frente al centralismo. Libertad como marca, no como pregunta incómoda.

Todos mis buenos deseo con los paisas desde un artista Bogotano.

Medellín, 1 de mayo de 2025.

Antioquia vuelve a ser epicentro del arte contemporáneo con una bienal que mira al mundo desde sus territorios.

La Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín (BIAM) es una apuesta cultural de gran escala que retoma el legado de las Bienales históricas de Coltejer, proyectando a Antioquia como un territorio de paz, diversidad y creatividad. Durante tres meses, la BIAM 2025 se convertirá en un departamento en un escenario vibrante para el arte contemporáneo, con más de 130 artistas locales, nacionales e internacionales y una programación que alcanzará a más de 50 municipios. 

La BIAM 2025, que se realizará entre los meses de agosto y octubre, contará con cerca de 300 obras entre instalaciones, videoarte, dibujo, fotografía, performances, esculturas, pinturas y prácticas de arte en comunidad, los cuales serán exhibidos en 10 exposiciones principales en el Área Metropolitana y en cada subregión del departamento. Además, un número importante de obras será comisionado, se realizarán más de 10 intervenciones en el espacio público, tanto en zonas urbanas como rurales y se abrirá una convocatoria pública para jóvenes artistas del departamento, para fomentar nuevas voces y lenguajes en el campo del arte contemporáneo. 

El Área Metropolitana será el epicentro de la BIAM, con más de 10 sedes emblemáticas, entre ellas el Palacio Rafael Uribe Uribe, el Parque de Artes y Oficios (PAO), Coltabaco, el Museo de Antioquia y la Cámara de Comercio de Medellín. El Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia –ICPA-, espera una asistencia masiva durante las diez semanas de programación, que cuenta con las delegaciones de más de 15 países, la participación de galeristas, curadores, coleccionistas, medios especializados y el apoyo de universidades, museos y expertos en arte contemporáneo.

La BIAM, alineada con el Plan Departamental de Cultura 2023–2035 y el Plan de Desarrollo de la Gobernación de Antioquia, será un laboratorio vivo de pensamiento, creación y formación, con la libertad como eje conceptual. Más que una exposición, la bienal es un movimiento cultural incluyente, descentralizado y participativo que posiciona a Antioquia como un referente de las artes visuales contemporáneas en América Latina. 

Artbo sin MaryPeace

ARTBO: el fantasma del mercado

Mientras tanto, ARTBO atraviesa su propia crisis de identidad. Tras la salida de María Paz Gaviria, la feria se reestructura con nuevos comités internacionales y asesores de mercado global. Su misión sigue siendo la misma: insertar a Bogotá en el circuito del mercado internacional.

Pero lo paradójico es que, mientras la Bienal pretende ser “no comercial”, ambas plataformas comparten los mismos aliados, patrocinadores y lógicas de prestigio. La frontera entre lo público y lo privado se diluye: el Estado financia la terapia cultural, el mercado legitima carreras y el artista queda atrapado como ficha intercambiable.

El artista como payaso de circo

El público como resistencia

No basta con indignarse. El público no es inocente. Cada espectador puede elegir: aplaudir la propaganda o convertir su silencio en acto de dignidad. Preguntar quién financia, exigir transparencia, negarse a celebrar sonrisas forzadas.

La fuerza no está en los políticos que juegan con banderas, sino en los ojos que miran y en las manos que aplauden o se niegan a aplaudir. Defender el arte de la politiquería no es un gesto elitista: es un derecho ciudadano.

Vayan, subansen, baile, recojan lo que dejan detras. Las artes vivas son un modo de vida del artistas. 60 presentaciones de aqui para allá se siente un irrespeto.

Con lo precarizado que es el pago para eventos como los Crea donde los artistas no tienen materiales para llevar arte al territorio, esto la verdad es un irrespeto mientras que Santiago Trujillo paga cenas millonarias para vender la casa comín con el ligar de la felicidad. Malditos.

Nuestro grito: el arte no se alquila

La bienal no les pertenece a los alcaldes, ni a las gobernaciones, ni a los candidatos de turno. Nos pertenece a todos los que creemos que el arte no es slogan ni decorado, sino pregunta viva y crítica incómoda.

Si ellos usan las bienales para sumar votos, nosotros podemos usarlas para sumar conciencia. El arte no se alquila al mejor postor. Y mientras intenten secuestrarlo, siempre habrá artistas y públicos dispuestos a desobedecer.

Proyectos relacionados